jueves, 28 de julio de 2016

LOS INVESTIGADORES DE LOS CRÍMENES SIN RESOLVER

“Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”. Edmund Burke.

“El tiempo que pasa es la verdad que huye”. Ésta reflexión martillea el quehacer diario del investigador criminal. El suceder de las horas reduce las opciones de resolver con éxito un hecho delictivo. Una verdad que no debe abrigar la errónea idea que se tiene de que los crímenes o desapariciones que no se esclarecen en los primeros días se van enfriando hasta caer en el olvido en cajones polvorientos y atestados de documentos en lúgubres sótanos de los juzgados españoles. Una de las reglas que preside el abecedario del investigador alerta que nunca es tarde para poner rostro a un asesino y apresarlo. La justicia ofrece más de 7.300 días para trabajar en ello. 20 años para hallar al responsable y descifrar el porqué de un asesinato. Pasado ese tiempo, el delito queda prescrito. 

¿Qué es un caso frio (cold cases)?

En salones de miles de domicilios de nuestro país nos hemos familiarizado con el término ‘cold cases’. Concretamente, durante siete temporadas y 156 capítulos. Una serie estadounidense con ese nombre, ‘Caso Abierto’ en España, narraba las aventuras de una detective de Filadelfia que investigaba los homicidios cerrados por falta de pruebas y, en consecuencia, sin culpable. Casos fríos que sirven de argumento para producciones de ficción y que, en la vida real, siguen obsesionando a muchos investigadores que no desfallecen en su intento por encontrar la pieza que falta a miles de rompecabezas para ser resueltos. 

¿Quiénes trabajan en ellos? 

Policía y Guardia Civil

La mayoría de estos investigadores a los que hacemos referencia prestan brillantemente sus servicios en Policía o Guardia Civil. Ambos cuerpos no tienen grupos específicos que se ocupen de estos casos fríos, pero sí que en su gestión de las investigaciones criminales no se rinden en su intento por desatascar asesinatos o desapariciones que llevan tiempo sin resolverse. La aparición de pruebas, en ocasiones producto de los nuevos medios empleados para adquirirlas, el surgimiento de testigos o una revisión del caso desde otro ángulo años después, han articulado la solución de decenas de delitos contra las personas. “Nunca se arroja la toalla con un caso”. Ésta es, sin duda, una de las consignas más escuchadas en los pasillos de comisarías o cuarteles. 

Por protocolo

Una consigna que además sigue su protocolo. En la Guardia civil están obligados por norma a dar una vuelta de tuerca más a cada caso cuando cumple un año y permanece en ‘standby’ aunque no haya ninguna novedad. A veces, se apuesta por cambiar el equipo de investigación de un caso en concreto para afrontarlo desde otra perspectiva en busca de respuestas. 

Nunca aparcan los asesinatos o las desapariciones. Y siempre siguen el mismo método, volcándose sobremanera en el trabajo durante las primeras 48 horas. El primer cometido es el de averiguar la identidad de la víctima. Una circunstancia nada sencilla. Son numerosos los cadáveres sin identificar en los que existen evidencias de una muerte violenta. Una vez identificado el cuerpo, el protocolo obliga a ir abriendo círculos de investigación a partir de la propia escena, el entorno de la víctima, etc. Y, lógicamente, esta labor se dificulta mucho más cuando no hay cuerpo y se encuentran ante una desaparición. 

A veces, sin embargo, se llega a un punto en el que se cierran estos protocolos sin resultado, lo que conduce al caso a un punto muerto que demanda una recomposición de los hechos y el diseño de nuevas líneas a seguir.

Un ejemplo: operación fosa

Una mujer apareció en noviembre 2012 descuartizada en un descampado en San Martín de Valdeiglesias. Agentes de la Guardia Civil obtuvieron en aquel momento una huella, pero no consiguieron identificar a la víctima a través de la misma durante los primeros meses. Pese a no obtener resultados, desde el departamento de análisis criminal continuaron con la ardua labor de encontrar respuestas. Y, así, pasado el tiempo, hallaron una valiosa línea de investigación. Cruzando datos con la policía de Honduras consiguieron un positivo de la huella. Averiguaron que se trataba de una mujer de 30 años de origen hondureño y, a partir de esta valiosa información, comenzaron a indagar en las relaciones de la víctima hasta descifrar qué había ocurrido: un caso de violencia de género que les condujo a un presunto autor material que se encontraba en Estados Unidos. Pese a las lagunas que hubo en la investigación durante el tiempo que tardaron en responder al quién, no se aparcó el caso y acabó obteniéndose una respuesta casi dos años después. 

Criminólogos 

Vicente Garrido.
Pero más allá de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, también hay investigadores que son civiles y que están tratando de despejar interrogantes en acontecimientos en los que parecía ya muy difícil hallar respuestas. Y dentro de este amplio grupo nos encontramos con los cada vez más numerosos criminólogos. 

Pero, primero de todo, ¿qué es la criminología? “Se trata de una ciencia empírica e interdisciplinaria que se ocupa del crimen, del delincuente, de la víctima y del control social del comportamiento desviado”, define el profesor Antonio García-Pablos de Molina. En definitiva, ser criminólogo abarca otros muchos terrenos que no implican necesariamente el de resolver crímenes. Pero, sin embargo, sí dotan de conocimientos suficientes como para tratar de hacerlo. Es más, uno de los criminólogos más afamados de este país, Vicente Garrido Genovés, colaboró activamente con la Guardia Civil para cerrar con éxito varios casos. 

El proyecto nacional Prometeo

Una iniciativa que está cobrando vida durante los últimos años para abordar la resolución de casos fríos es la del proyecto nacional Prometeo, liderado por el criminólogo y perito judicial Félix Ríos. A través de su asociación -sin ánimo de lucro- ‘Laxshmi para la lucha contra el crimen y la prevención’, un grupo de criminólogos buscan ayudar a las familias de víctimas de crímenes sin resolver y desapariciones. 

¿Cómo funciona?

Criminólogos de toda España han creado una red en la que aportan desinteresadamente sus conocimientos para tratar de activar casos que no avanzan. Y es que, en ocasiones, el ingente trabajo al que deben hacer frente diariamente Policía o Guardia Civil provoca que se ralenticen procesos en los que están dispuestos a volcarse estos profesionales. 

¿Cuáles son sus primeros pasos?

Félix Ríos
De manera desinteresada, Prometeo se pone a disposición de las familias para tratar de dar con la solución a un caso que se ha encallado. A día de hoy son cuarenta los voluntarios activos en un grupo al que se quieren sumar otros muchos que aguardan en una lista de espera a pasar las pruebas pertinentes. Pero más allá de profesionales de la criminología, este grupo está convenientemente respaldado por forenses, psicólogos, policías en activo y retirados, juristas o funcionarios de la administración de justicia. En definitiva, un equipo multidisciplinar que se sumerge en cada asunto en búsqueda de posibles respuestas que después presentan, a través del abogado de la propia familia, al juez. 

¿Cómo trabajan?

Su estricta metodología de trabajo sigue nueve pasos. 

Revisión documental. 

El andamiaje de la futura investigación lo construye el pormenorizado análisis de cada página del expediente judicial, en el que está recogido cada actuación que se ha ido dando desde el mismo momento en el que se tuvo constancia del crimen o la desaparición. Consiste en examinar detalladamente los informes de la autopsia si hubiese cadáver (incluyendo resultados analíticos, biológicos y toxicológicos si están disponibles), los informes periciales sobre los indicios hallados (huellas, manchas, objetos, etc), los informes policiales (actas de inspección ocular, atestados iniciales, etc), reportajes fotográficos de las autopsias, escenas del crimen o documentación complementaria como los planos urbanos de los lugares del crimen. 

Trabajo de campo. 

Otro paso clave es acercarse al sitio en el que ocurrió todo para empaparse de los detalles, independientemente de los cambios que haya habido en la zona desde que aconteció el suceso, y buscar otros posibles enfoques sobre lo sucedido. Cabe recordar que puede haber más de una escena del crimen. Concretamente, hasta tres: el lugar del acecho, contacto o secuestro; el lugar en el que se lleva a cabo la actividad criminal; y, por último, el lugar en el que se abandona la víctima. Así, se puede acceder a un primer indicador de la personalidad del delincuente. Y es que varios escenarios muestran un asesino organizado, mientras que el desorganizado lleva a cabo toda su conducta en un mismo sitio. 

Entrevistas a testigos y profesionales. 

Uno de los tres pilares en los que se sustenta cualquier investigación criminal es el de los testimonios. Averiguar cualquier detalle por nimio que parezca puede ser clave a la hora de encontrar respuesta a lo ocurrido. Es una de las partes que más cuidan, explican desde la asociación. 

Perfil geográfico 

Se trata de una valiosa herramienta si se disponen de la información suficiente. Disponer de un perfil geográfico puede reducir el número de sospechosos a una zona concreta. Mediante el análisis de una serie de parámetros, un programa informático produce un mapa topográfico con distintas localizaciones geográficas de cuyo estudio puede deducirse, entre otros detalles, las zonas más probables de trabajo y residencia del agresor. 

Cartelería y prensa 

Otra de las iniciativas habitualmente empleadas desde Prometeo es la de llenar de carteles el pueblo en el que ha ocurrido el desagradable suceso. Advierten que ésta puede ser una vía de acceso hacia nuevos testigos que declinaron en su momento hablar con Policía o Guardia Civil. Además, sostienen que determinadas noticias en los medios de comunicación pueden derivar en pasos en falso del agresor. Ruedas de prensa de las familias o concentraciones en plazas o juzgados como forma de protesta y llamada de atención mediática o gubernativa son otras de las técnicas empleadas. 


Victimología 

Explican desde Prometeo que una gran fuente de información es el cadáver de la víctima, si es que desgraciadamente existe. La disposición del cuerpo y de las ropas ofrece indicios sobre la personalidad del criminal. Las lesiones que presenta, la forma de la muerte o si se trata de una víctima de oportunidad o previamente elegida son datos muy valiosos a la hora de esclarecer lo sucedido y quién o quiénes lo han causado. 

El modus operandi y la motivación.

Otro paso en el que se detienen es aquel que les pueda conducir hacia una teoría que explique el motivo de lo ocurrido. Y el motivo puede conducir al responsable. Hallar las razones, si es que las hay, de tal acto facilita enormemente la tarea de acotar la nómina de posibles agresores. En casos seriales, aquellos en los que se pueden adjudicar a un mismo asesino tres muertes o más, es importante averiguar el modus operandi. Esto supone descifrar los actos ejecutados por el delincuente para la comisión del delito y cuya característica común es su repetición en sucesivos hechos similares. 

Reconstrucción de hechos. 

“Alcanzar una hipótesis de trabajo que debe estar basada, verificada y apoyada en la evidencia física disponible es el objetivo de todos los pasos dados hasta el momento”, detallan. Ofrecer una teoría coherente que abra una nueva línea de investigación que pueda llevar a la resolución del caso es la meta a la que se proponen llegar los criminólogos que trabajan en los determinados casos. 

Presentación de informe 

El último paso consistiría en recoger las conclusiones y las propuestas en la redacción del informe, incluyendo en el mismo todos los apartados anteriores. Este informe será el que el abogado de la familia presente el juez para tratar de impulsar los asesinatos que permanecen sin esclarecerse. 

¿Qué casos tienen?

En la actualidad tienen abiertos 20 casos fríos alrededor de toda España. Han conseguido reactivar dos de ellos en Tenerife que llevaban en vía muerta desde 2001 y 2003. Además de trabajar en estos ‘cold cases’, desde esta asociación participan también en causas activas con imputados, asesorando a los abogados de las acusaciones, o incluso personándose como acusación popular en muchos otros. 

¿Su mayor logro?

Uno de los casos fríos en los que más se han volcado desde esta asociación porque estaba a punto de prescribir es el de Soledad Donoso. Se trata del suceso de una joven que desapareció en Córdoba en 1992 cuando se disponía a ir a trabajar y que se encontró muerta dos semanas después a orillas del Guadalquivir. En 2012, meses antes de que se cumpliesen 20 años de lo ocurrido, Prometeo inició la revisión del caso consiguiendo reabrirlo y llevando a declarar al juzgado al presunto asesino. 




FUENTE: Revista mensual One Magazine (Julio 2014, Martín Hernández y Jesús Hernández)

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