lunes, 10 de agosto de 2015

MARY JANE KELLY ES LA CLAVE.

UN PERIODISTA VICTORIANO ES EL NUEVO 
CANDIDATO A HABER SIDO JACK THE RIPPER

LA NOTICIA
Wynne Weston Davies
Un médico británico jubilado, Wynne Weston Davies, ha publicado "The Real Mary Kelly" ("La verdadera Mary Kelly", subtitulo: "La última víctima de Jack el Destripador y la identidad del hombre que la asesinó"). Se trata de la más reciente teoría sobre la siempre elusiva identidad del Destripador de Whitechapel. Su nominado para el cargo de verdugo de las prostitutas es el desconocido periodista Francis Spurzheim Craig, quien se habría casado con la tía abuela del escritor y la terminó matando brutalmente, no sin antes dar cuenta de otras cuatro meretrices.

¿El móvil del criminal?

Los celos y el amor propio masculino herido. La esposa del desquiciado periodista fue la última víctima canónica del mutilador: Mary Jane Kelly; la cual -si creemos a esta formulación- en realidad se llamaba Elizabeth Weston Davies; pero cambió su nombre para ejercer la prostitución y no ser detectada por su vengativo marido.

¿Las anteriores víctimas?
Por cierto que lo constituyeron las restantes asesinadas tradicionales del victimario secuencial motejado Jack the Ripper, a saber: Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride y Catherine Eddowes.

¿La razón de estos cuatro homicidios previos?

Despistar a las autoridades para que atribuyesen la abominable muerte de Kelly-Weston Davies a un demente ejecutor serial y no sospechasen que su despechado esposo era el culpable. De paso, la desfiguración del rostro de esa occisa se debió a que el homicida no quería que sus conocidos se enterasen que la ramera ultimada era su ex cónyuge que había tomado el mal camino.

LA MUERTE CONOCIDA

Poco se sabe con certeza de la vida de esta mujer, y esa incertidumbre ha teñido a su recuerdo con un halo de misterio. En realidad más se conoce acerca de su muerte, sobre cómo fue encontrada inerte una fría mañana del 9 de noviembre de 1888. 


Dicha mañana Thomas Bowyer, apodado Indian Harry, por tratarse de un militar retirado del ejército inglés de la India, mejoraba los ingresos de su magra pensión trabajando como cobrador al servicio de John McCarthy, dueño de unos miserables cuartuchos en el edificio llamado "Miller´s Court", cuyos ocupantes en su mayoría eran féminas que se ganaban la vida ejerciendo la prostitución.

Una de estas desafortunadas era Mary Jane Kelly, alias Marie Jeannette, Fair Emma o Ginger, una joven irlandesa pelirroja de venticinco años que rentaba la habitación número 13. 

En esa ocasión el casero mandó a su empleado a que fuese hasta aquella habitación para tratar de cobrar el alquiler que la chica adeudaba. Afuera se oía el jolgorio de un día festivo para los londinenses, en el cual se celebraba la fiesta del Lord Mayor, título que recibe en el Reino Unido el Alcalde de Londres, York y otras ciudades importantes.

Bowyer llamó varias veces a la puerta. Como no obtuvo respuesta se dirigió hacia una ventana lateral que él sabía tenía una rotura. Cuidando de no lastimarse, introdujo su mano por el hueco del vidrio y descorrió la cortina para escudriñar hacia el interior. Lo que vio le hizo proferir un grito de terror. 

Sobre la cama empapada en sangre yacía el destrozado cuerpo de la infeliz inquilina. Su estómago lucía abierto en canal, y sus órganos internos se amontonaban en torno suyo, cual una masa informe, repugnante y sanguinolenta.

El cuadro era dantesco y el cadáver estaba irreconocible. Posteriormente, el ex novio de la víctima, el jornaleroJoseph Barnett, aseguró en la morgue que se trataba sin duda de Mary Jane, pues la reconoció a causa de su cabellera rojiza, y por sus ojos y orejas, que era lo único que quedó intacto en aquel rostro desfigurado.

Lleno de espanto, Indian Harry volvió corriendo al bazar de su patrón y le comunicó sobre el terrible descubrimiento.

El arrendador fue junto con su empleado a Miller´s Court y comprobó la escena mirando también él a través de la ventana. Llamaron a la policía, y pronto acudieron los Inspectores Beck y Abberline, y casi al mismo tiempo el médico forense Bagster Philips.

¡Parecía más la obra de un demonio que la de un hombre!, exclamaría tiempo más tarde ante los estrados un conmocionado John McCarthy, al deponer en la encuesta judicial instruida por motivo de ese crimen.


Así dejaba constancia de la tremenda impresión que le produjo el monstruoso hallazgo, que estremeció aún a los endurecidos policías que concurrieron a aquella tétrica habitación. 

LA VERSION DEL DOCTOR WESTON DAVIES

Y ahora parece que por fin se ha descubierto el nombre del "demonio" en cuestión.

Francis Spurzheim Craig se llamaría éste, conforme afirma el médico jubilado. Menos definida está su fisonomía. No se nos proporciona una fotografía, sino únicamente un dibujo. Recorre la web una viñeta que muestra a los asistentes de la audiencia judicial celebrada tras el óbito de Annie Chapman. Y ni siquiera el hombre allí bosquejado -cuya faz se encierra dentro de un círculo acusatorio- es seguro que represente al flamante sospechoso.

El ensayista sostiene que el individuo del dibujo se asemeja mucho al padre del sindicado -del cual sí hay varias fotografías- y que como Craig era reportero pudo ser él uno de los miembros de la prensa que lucen sentados en esa sala, por lo que ese eventual parecido lo propone como prueba de que el sujeto indudablemente estuvo allí.

El asesino volviendo al lugar del crimen... el asesino regodeándose con las consecuencias de sus delitos...

En realidad, de acuerdo nos cuenta el doctor Weston Davies, el descubrimiento de la identidad del matador en cadena del East End de Londres se debió más que nada a la casualidad.
Diez años atrás el galeno se dedicó a establecer su árbol genealógico, cuyo rastro se interrumpía al llegar a su tercera generación. Tenía una vaga idea de que su tía abuela paterna se llamaba Elizabeth Weston Davies, pero para profundizar acudió a los Archivos Nacionales de Kew. Allí supo que esa ascendiente figuraba con el nombre de Elizabeth Weston Jones, de estado civil viuda.

Seguidamente, averiguó que aquella se había casado en la Nochebuena de 1884, en Hammersmith, con el ya nombrado periodista de cuarenta y siete años por entonces, cuando ella sólo cifraba veintiuno. Luego, al recibir un paquete conteniendo antiguos documentos legales, comprobó que escasos meses más tarde los cónyuges se divorciaron a petición judicial del esposo, quedando constancia de que aquél invocó como causal de separación la infidelidad de su mujer.

Concretamente la vio (o la vieron, pues en el documento legal esto no queda claro) entrar en compañía de un muchacho a una casa de citas próxima al hogar conyugal ubicado en Plaza de Argyll, King Cross, el 19 de mayo de 1885.


Se especula que Craig ya sabía que Elizabeth ejercía el meretricio. Seguiría enamorado de ella, pero el orgullo le impediría aceptarla abiertamente. Frente a sus familiares y conocidos fingiría dignidad, y promovió el divorcio, pero secretamente volvió a verla y le propuso la reconciliación, según aduce el ensayista. La descocada chica rechazó una y otra vez al taciturno ex marido, pero ante su acoso decidió marcharse al East End londinense y ocultar su genuina identidad, pasando a valerse del alias de Mary Jane Kelly.

El hombre la buscaría tenazmente, íncluso por medio de detectives privados -arguye el escritor-, y con el paso del tiempo sin lograr el retorno de su amada, ni menos aún poder evitar que se prostituyera, su intenso amor se trocó en odio furibundo. El repelido enamorado también empezó a sufrir fracasos profesionales. De ser editor de periódicos, y ganarse con solvencia la vida, pasó a incurrir en el plagio periodístico. El Daily Telegraph lo demandó y estuvo al borde de perder su licencia. Estas peculiaridades las considera el doctor Wynne Weston como signos de que su acusado padecía un trastorno esquizoidal de la personalidad en proceso de irreversible agravamiento.

Concuyendo el investigador que su sospechoso era, en suma, un psicópata -enfermo pero inteligente-, tal condición insana lo llevaría a tramar por venganza el crimen de la ahora inalcanzable joven. El punto más flojo de la hipótesis estriba en el sistema empleado para lograr su perverso objetivo. Craig asesinaría sádicamente a cuatro rameras sólo para fabricar el mito de que un victimario serial asolaba Whitechapel. Eludiendo los cercos policiales se valdría de sus contactos y de su habilidad como reportero de noticias, pues sería asignado a cubrir los crueles sucesos del otoño de terror (ya vimos que se lo supone asistiendo a la encuesta judicial por la muerte de Annie Chapman).

Pero eso no es todo: el periodista devenido en criminal también sería redactor de las cartas que inundaron a Scotland Yard. Su golpe maestro radicó en escribir la misiva "Querido jefe", y destinarla al Jefe de Redacción de la Agencia Central de Noticias de Londres. Los americanismo que se detectan en aquella epístola lo delatarían, dado que cuando joven vivió un par de años en los Estados Unidos, y se le habría pegado el gracejo local .

Como curtido periodista que era, el homicida sabía que lo mejor era dirigirse a esa agencia noticiosa, porque ella diseminaría la información a todos los periódicos de Ingaterra, y aún del exterior. Demostrando conocer bien el talante sensacionalista de sus colegas, el reportero asesino acertó. Pronto el Star se autoenviaría cartas del "Destripador", el Daily Telegraph haría lo mismo, también el Times, y así sucesivamnte, hasta forjarse la gigantesca eclosión mediática que haría creer al mundo en la existencia de un anónimo aniquilador de mujeres que se autodenominaba "Jack el Destripador". Empero, el gestor de tan arriesgada conjetura no aporta muestras caligráficas de su sospechoso, aptas para evidenciar que en verdad aquél fue el emisor de las tenebrosas epístolas.

Desde su nuevo domiclio, sito en el 306 de Mile End Road (Whitechapel), el desairado y perverso reportero aguardaría el momento propicio para cobrarse la presa humana que configuraba su verdadero objetivo: Mary Jane Kelly; es decir: su traicionera ex cónyuge Elizabeth Weston Davies.

El responsable de la novedosa hipotesis habría solicitado al Ministerio de Justicia inglés la exhumación del cadáver yacente en la tumba dedicada a la quinta víctima del Ripper, en cuyo cementerio le efectuasen un reportaje divulgativo que circula por la web. Análisis de ADN mediante, procuraría acreditar que esos restos le son genéticamente compatibles y, por tanto, que pertenecen a su bisabuela Elizabeth, y no a la Mary Jane Kelly que registra la historia oficial.

Reconoce que de devenir negativa esa identificación su hipótesis se derrumbaría. Y aunque si los resultados científicos fueran positivos ello no probaría que Craig fue el asesino de esa occisa, y también Jack el Destripador, al menos se tornaría más verosímil su planteamiento. Pero, convenientemente, tales pruebas -si es que llegan a concretarse- han quedado postergadas y, entre tanto, ya ha salido a la venta en versión papel y digital la pintoresca teoría del doctor Wynne Weston Davies, que líneas arriba resumimos.



FUENTE: Gabriel Pombo.

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