lunes, 27 de julio de 2015

CAZA HEREDEROS. TAL VEZ SEAS UN SÚPER MILLONARIO Y AÚN NO LO SEPAS...



Warner Bros ya produjo en 1934 una película que llevaba por nombre ‘A la caza de los herederos’ y que protagonizaban James Cagney y Bette Davis. Una comedia que giraba alrededor de una agencia que se dedicaba a buscar herencias de las que apoderarse con la ‘construcción’ de herederos falsos. Una parodia alejada de la profesionalidad de un colectivo desconocido en España y que en Europa lleva funcionando desde finales del Siglo XIX. 

En nuestro país, cada año, más de 100 millones de euros se quedan sin adjudicar a sus herederos legítimos. Una cifra que en toda Europa podría alcanzar más de 1.000 millones de euros. Propiedades inmobiliarias, bienes muebles, cuentas bancarias, joyas y dinero en efectivo van a parar al estado, a los propios bancos o permanecen en el limbo al no conocerse sus beneficiarios. Sin embargo, en España apenas dos empresas son las que se dedican en exclusiva a esta compleja tarea. “Hay mercado para muchas más”, admiten. 

Genealogía sucesoria
Esta práctica profesional es la que sostiene a estas empresas especializadas en la búsqueda de herederos. Consiste en dibujar un árbol en función del derecho a heredar, dejando de lado aquellos parientes que no tienen acceso a la masa hereditaria y que sí tendrían cabida en un árbol genealógico dedicado a averiguar vínculos únicamente familiares. Esta tarea suelen desempeñarla, en un 80% de los casos, licenciados en derecho. En Francia, precisamente, a quienes se dedican a la función de encontrar herederos se les conoce como genealogistas y no con el anglicanismo de ‘caza herederos’. 


Criminólogos y detectives privados
Pablo Sánchez Calvo
Al margen de genealogistas, criminólogos o detectives privados también pueden llegar a estar en nómina en este tipo de agencias. En el caso de los investigadores, para aportar sus conocimientos a la hora de localizar a una persona concreta. En el caso de los criminólogos, su función puede llegar a alterar el reparto de una herencia. “A día de hoy estamos trabajando en un caso fuera de nuestro país, pero en el que están involucradas personas españolas, en el que los documentos reflejaban que el fallecido había muerto a causa de un paro cardiaco. Y, sin embargo, hemos acabado demostrando que había sido envenenado y que se trataba de un homicidio. Una situación que cambia a nivel legislativo y ético el reparto de ese bien”, desvela Pablo Sánchez Calvo, director del equipo de investigación y genealogistas de wills&laws, agencia española que se dedica desde hace una década exclusivamente a la búsqueda de herederos 

Inicio: fuentes de información
Marco Lamberti
Un presidente de la comunidad de vecinos que contacta con el administrador de fincas por las deudas que acumula un piso que lleva años cerrado y en el que no existen herederos que lo reclamen. ¿Qué hace el administrador de fincas?; O una persona interesada en adquirir un bien inmueble y desconoce a quién pertenece y a quién dirigirse. ¿Qué hace este posible comprador? Fácil. Exponen sus casos a empresas como Coutot-Roehrig, primera agencia fundada en el mundo (París, 1834) especializada en genealogía sucesoria y que tiene entre sus 37 delegaciones en más de 20 países una en Barcelona que dirige Marco Lamberti. “Los encargos nos llegan principalmente de cualquier profesional que tenga interés en solucionar un problema vinculado a una sucesión intestada (sin testamento). A nivel global también tenemos estrechas relaciones con los consulados, ya que en caso que una persona fallezca en el extranjero tienen que contactar con sus familiares. No nos importa la fuente, pero sí que la información sea real, correcta y no supuesta. Si bien antes de aceptar un encargo siempre hacemos un estudio del caso y su viabilidad”, explica. 

Entre esas fuentes de información, y aquí radica una de las peculiaridades de España, no se encuentran los notarios. Deben guardar silencio. “En los tiempos de los vaqueros, en Estados Unidos, el sheriff estaba obligado a poner en un tablón quiénes fallecían y si se conocían o no sus herederos. En Inglaterra, Francia, Alemania o Australia, los notarios tienen obligación de encontrar a esos herederos y certificar que lo son, por lo que si no los encuentran echan mano de los genealogistas y cargan los costes de esta búsqueda en la propia herencia. Es así como se expande esta profesión. Sin embargo, en España ocurre justo lo contrario. Si nosotros representamos a una persona, podemos preguntar al notario si esta persona está en el testamento, pero no quién está. El notario no puede decirlo, es secreto de protocolo. Por eso, en nuestro país no tiene tanta presencia nuestra figura, si bien la necesidad existe”, cuenta Pablo Sánchez. 

De este modo, en España, al igual que ocurre en Italia, países sudamericanos y asiáticos, los notarios están a la espera de que los herederos llamen a su puerta. Un escenario legal que se transforma en casos como en el que se trabajó desde wills&laws, en el que un fallecido había dejado una importante masa hereditaria a personas que lo desconocían. “Sin pareja e hijos, ninguno de los familiares directos e indirectos que habían acudido al notario para saber si eran legatarios de esos bienes lo eran. Tampoco lo eran amigos cercanos o vecinos. Y, pese a que este individuo era muy religioso, tampoco la iglesia era la institución destinada a heredar esos bienes. Eso nos obligó a una importante labor de investigación que acabó dando resultado, gracias, entre otros detalles, a una carta expedida por la Falange en la que se acreditaba el buen comportamiento del protagonista de esta historia. Nos preguntamos para qué la querría. Y este fue un giro que nos condujo a la búsqueda de una posible pareja masculina, cabe recordar que años atrás no estaban bien visto las relaciones homosexuales, y acabamos averiguando que los nombrados en el testamento eran los hijos de la pareja que tuvo esta persona y que había fallecido, además, 10 años antes que él. Fue una sorpresa para los herederos”, relatan. 

Los testamentos de más de 100 años sí se hacen públicos, circunstancia que puede llegar a endulzar la labor de estos ‘caza herederos’ cuando trabajan en la averiguación de la propiedad de bienes de hasta 200 años de antigüedad. 

España: un país con sus peculiaridades
En nuestro país no hay cultura de testamento. Según datos del Consejo General del Notariado, un 40% de los españoles fallece sin haberlo otorgado. Esto significa que si en España fallecen alrededor de 350.000 personas cada año, aproximadamente unas 150.000 no han hecho testamento. Del total de estas herencias, denominadas ab intestato, en un porcentaje estimado del 10% al 15% de los casos, el testamento acabará siendo nulo o ineficaz al no conocerse los herederos legítimos y pasará a propiedad del estado o de las arcas municipales. En la Comunidad Valenciana han reactivado –Cataluña había sido la última Comunidad que lo había retirado- la práctica de premiar con un 10% de valor de los bienes a aquel denunciante que informe del fallecimiento de una persona residente en esta Comunidad que carezca de herederos legítimos y no haya testado 

Pero, ¿qué ocurre con el 85-90% restante de los casos? En el mundo de las herencias es difícil trabajar con periodos de tiempo concretos, pero como regla general se puede advertir que el estado puede solicitar quedarse con bienes inmuebles que no hayan sido reclamados durante 30 años y con cuentas bancarias en las que no haya habido movimiento durante 10. “Las administraciones cuentan con un departamento que se encarga de la búsqueda de herederos, pero de cada 10 que busca, encuentra 3 ó 4”, admite Lamberti. Así, en el resto de casos se abre para la propia administración una vía de ingresos al poder adquirir dicho patrimonio. O para la propia iglesia, que también ejerce habitualmente este derecho. “Hace poco me preguntaron si nosotros éramos el peor enemigo para el estado, y mi respuesta fue que somos los mejores amigos de los herederos. Las administraciones no ofrecen facilidades en nuestra búsqueda”, detalla el director de Coutot-Roehrig en España. 

Otra peculiaridad de nuestro país es que, a diferencia de lo que ocurre en otros, la ley prevé que sólo tienen derecho a heredar los colaterales hasta el cuarto grado de parentesco. “Este factor reduce en un 35% las posibilidades de encontrar heredero, respecto a otros países como Francia o Italia, en que es posible llegar hasta el sexto grado”, indica Lamberti. 

Búsqueda de herencias
Pero estas empresas no sólo se dedican a localizar personas una vez que alguien les informa de un bien vacante. En ocasiones, no se buscan herederos, sino herencias. “En nuestra compañía, nosotros partimos de buscar los bienes que son susceptibles de ser heredados. Bienes que no han tenido movimiento hasta en los últimos 200 años. A partir de ese punto, estudiamos quién es el poseedor de ese derecho e investigamos”, cuenta Pablo Sánchez Calvo, quien dirige un equipo que sigue la pista, por ejemplo, de propiedades presentes en las desamortizaciones de Mendizabal de 1836. “Hay diferentes vías para fijarse en un valor. Desde ir por la calle y observar que una casa está ocupada, pero hacer averiguaciones sobre la propiedad de la misma al observar la falta de inversión sobre el propio bien (ventanas rotas, pintura desconchada, etc). Un estudio del que resulta que se trata de una casa alquilada por parte de una persona que no es su propietario, pero que sabía que la misma estaba desocupada. En definitiva, una forma profesional de ocupación”, explica Pablo Sánchez. 

Otra importante rama del negocio consiste en averiguar sobre quiénes recaen los derechos de determinadas obras artísticas. Y no sólo se busca recuperar ese bien concreto, sino parte de los derechos del mismo, tales como su explotación. Sin ir más lejos, wills&laws consiguió que se reconocieran los derechos de autor que tenían unos herederos en Miami sobre una nana popular cuya autoría respondía a unos cubanos que fallecieron sin conocer la fama futura que alcanzaría su composición.

Sin embargo, los casos que no suelen abordar estas empresas son aquellos en los que una persona les habla de un posible antepasado multimillonario del que perdió la pista y que pudo haberle dejado una enorme herencia en cualquier país del mundo. 

Modus operandi
La imagen que puede asociarse a un ‘caza herederos’ es la de un individuo paseando por un cementerio en búsqueda de lápidas. Y lo cierto es que esta es una tarea que llegan a realizar estos genealogistas, pero sólo en un bajo porcentaje de los casos que tratan. En un primer estadio, su metodología consiste, casi a modo de historiador, en documentarse. La recolección de datos es básica para acabar de dar con la información precisa que les conduzca hacia la persona que buscan. “Es obvio que no se trata simplemente de ir a un registro civil a solicitar una partida de defunción. Y, pese a que nuestra sociedad es muy tecnológica, el trabajo más intenso que hacemos es de campo. Los genealogistas trabajan de un lado con el ordenador y del otro, con papel y bolígrafo. Porque una parte muy importante del trabajo hay que hacerlo en la calle. No se puede realizar una búsqueda desde el despacho”, cuenta Lamberti. 

En este terreno, una pregunta más o una pregunta menos puede acabar por dibujar una historia. Así recuerda el director en España de Coutot-Roehrig un expediente en el que trabajaron. “Un genealogista se acercó hasta un barrio de una ciudad italiana para recabar información sobre un asunto que estábamos tratando, cuando se enteró hablando con uno de los vecinos de la muerte de un mendigo que algunos de los allí presentes sostenían que había sido alto directivo de una empresa. La curiosidad por conocer este caso nos condujo a saber que este hombre era un importante ejecutivo que, a raíz de la muerte de su mujer, se había ido a vivir a la calle. Averiguamos sus bienes inmuebles y cuando dimos con los herederos y accedimos a sus propiedades nos sorprendimos de la cantidad de joyas y obras artísticas de las que disfrutaba este ‘mendigo’”. 

A veces, la búsqueda se acorta con el conocimiento de pequeños hilos de los que tirar. “En ocasiones sólo conocemos un apellido, y puede darse el caso de que se haya ido a Estados Unidos y haya contraído matrimonio. A veces puede existir un testamento al que hayamos tenido acceso por tener más de 100 años y se ofrece un nombre no siempre bien escrito de la asistenta que tenían en casa y a la que le dejaron importantes bienes. Cuando no tenemos testamento vamos viendo en el pasado de esa persona y qué familiares pueden existir. A veces nos encontramos con hijos ilegítimos, casos de poligamia”, relatan desde wills&laws. 

El porcentaje de éxito de estas empresas en la búsqueda de herederos ronda el 95%. ¿Cómo se consigue esto? “Con la experiencia que dan 120 años de trabajo, una impecable técnica a la hora de hacer genealogía, una red de colaboradores exclusivos a nivel global, una importante capacidad financiera y nuestra base de datos conforman un método que tampoco nos gusta compartir”, detalla Lamberti. 

La segunda base de datos más grande del mundo
Coutot-Roehrig hace gala de una base de datos con más de mil millones de datos digitalizados que ha ido acumulando desde 1834. “Sólo el Pentágono cuenta con una superior a la nuestra”, confirma su director en España. Una potente herramienta que les facilita rastrear las huellas de aquellas personas que tratan de localizar. “Contamos con aquellos datos que puedan ayudar a nuestro genealogista. Datos que no son personales ni ocultos, que se pueden comprar”, sostiene Lamberti. Adquirir esta información supone uno de los grandes desembolsos de esta empresa, y es que muchos archivos pueden adquirirse gratuitamente, pero en otros confiesan haber invertido cifras que rondan los 500.000 euros. Datos, no acogidos ya a la ley de protección, que pueden ir desde los españoles censados en el ayuntamiento de Nueva York en 1940 o al nombre de los pasajeros que aterrizaron en un aeropuerto concreto de cualquier país del mundo medio siglo atrás. 

Músculo financiero
La empresa francesa Coutot-Roehrig trabaja cada año en 7.000-7.500 casos alrededor del mundo, manejando en torno a 300 expedientes en nuestro país. Invierten en cada caso una media de 260 días. Por su parte, Wills&laws tiene sobre la mesa alrededor de 500 casos en los que son auspiciados por un cliente, y 120 en los que trabajan sin tener detrás el respaldo financiero de una persona concreta que ha reclamado sus servicios. Y, en cada caso, invierten alrededor de 12 meses. 

Unos números que describen el músculo financiero que deben tener estas empresas. Más allá de los pagos propios de tener a una o varias personas trabajando en un caso, con desplazamientos y demás - muchas veces desconociendo si esa labor será rentable para la propia agencia - ambas empresas corren con los gastos asociados a la propia herencia. Una masa hereditaria suele tener de media una carga de entre 30.000 y 50.000 euros, cifra que habría que multiplicar por todos los casos abiertos en un mismo periodo de tiempo. Por ejemplo, sobre un inmueble cerrado lo suficientemente valioso para que merezca la pena la búsqueda de sus herederos siempre habrá una reclamación del IBI por parte del ayuntamiento, atrasos en el pago de la comunidad, etc. Importantes costes que ellos sufragan antes de cerrar el acuerdo con el legatario. 

La caza
Una vez localizado al heredero o herederos de una masa hereditaria y que puede encontrarse en cualquier parte del mundo, ya que hay que recordar que estas empresas trabajan con masas hereditarias de españoles residentes en España o en el extranjero y de extranjeros residentes en España (habitual el caso del alemán, ruso o nórdico que fallece dejando bienes en la Costa del sol o Islas Baleares), llega el momento que en el argot profesional se llama caza. La caza es el instante en el que el genealogista entra en contacto con el heredero y le explican la situación. “Una característica bien localizada en estos casos es el de la desconfianza, muy propia de los países latinos”, admite Lamberti. Y es que los timos en este tipo de situaciones están a la orden del día. 

La estafa más habitual en esta esfera de las herencias es el timo nigeriano. Consiste en advertir a un presunto heredero que tiene derecho sobre una importante masa hereditaria que tiene una traba administrativa o bancaria que, una vez resuelta mediante el pago de una cantidad, pasa a sus manos. Un caso que se da en España, pero que es mucho más habitual en otros países. 

Por ello, una maniobra propia de estas empresas es la del contacto cara a cara, más allá de adelantar el dinero para que el heredero no tenga que hacer ningún desembolso hasta que no perciba su herencia “El trato es una clave de nuestro éxito. Nos trasladamos al punto que sea para conseguir el clima adecuado con la persona. Le ofrecemos los datos mínimos suficientes para que confíe en nuestro despacho y tramite el expediente con nosotros. Nosotros tutelamos nuestro trabajo con un contrato que, una vez firmado, da pie a que ofrezcamos toda la información”, explica el director en España de Coutot-Roehrig. “Lo que vale de nuestro trabajo es lo que hemos descubierto y tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de aportar información”, ahondan desde wills&laws.

Generalmente, estas empresas se encargan a su vez de liquidar estos bienes heredados (el 97% de los herederos prefieren el dinero líquido a los bienes materiales con los que no contaban). El cobro, siempre en dinero y no en porcentajes de una obra artística o un inmueble, suele rondar entre el 20 y el 30% de los cuantiosos beneficios obtenidos por el heredero. Y es que, obviamente, este tipo de empresas sólo se ponen en marcha cuando el bien sigue siendo activo una vez restados impuestos y deudas. La herencia media ronda los 350.000 euros, según informa Coutot-Roehrig 

Una herencia y una vida
Si un bien no ha pasado de una generación a otra es porque ha pasado algo extraordinario. Por ello, el caso diferente es el caso normal para unos ‘caza herederos’ que no sólo han enriquecido de manera imprevista a gente humilde, sino que también han entregado relatos de vida a muchas personas. 

“Es más fácil que un rico reciba una herencia importante a que lo haga una persona humilde. No se me olvida el día que acudí a la casa de un agricultor de 65 años en un pequeño pueblo del Pirineo catalán que tenía dos casas y una gasolinera. Llamé a su puerta para informarle que era el heredero de un piso en París valorado en 600.000 euros de un familiar que él desconocía que existiera. Recuerdo que cuando firmamos el contrato me dijo: ‘a mí no me va a cambiar la vida, a mi hijo se la cambiará algo, pero mi nieto podrá irse a estudiar fuera’. Son historias bonitas y además les entregas una parte de su vida que la mayoría no conocen”, concluye Lamberti. 



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