viernes, 27 de diciembre de 2013

CASTERINA CARRILLO: UN ADN QUE LLEVA DIECISIETE AÑOS SIN ROSTRO

Es muy frecuente escuchar, entre los que nos dedicamos a estudiar la parte más oscura del ser humano y su entorno, que cada pueblo tiene su historia negra. En esta entrada de crimenycriminologo nos desplazamos hasta Puente Genil, pueblo de la provincia de Córdoba (España), para conocer un suceso que, tras más de diecisiete años, sigue sin esclarecerse. Un asesinato que aún, a día de hoy, no tiene ni nombre ni rostro.

El 19 de Julio de 1995, Casterina Carrillo de 31 años de edad, salió con su bicicleta entre las ocho y media y las nueve y media de la noche a dar un paseo por el paraje conocido como el camino de Montalbán. Una paraje de sobra conocido por Casterina, quien solía pasear por allí, siempre acompañada de un amiga, excepto esa trágica noche que decidió salir sola, no regresando de nuevo a su casa.

La bicicleta de Casta, como la llamaba su padre, fue encontrada esa misma noche por el guarda del cortijo, de camino a su trabajo, en mitad del camino. Algunos vecinos recuerdan haberla visto durante el recorrido e incluso alguno entabló conversación con la fallecida, pero desgraciadamente, nadie sabía cómo desapareció.


Su cuerpo aparecería una semana después, semidesnudo, bajo un olivar apartado del lugar de donde Casta dio sus últimas pedaladas. Desgraciadamente, los investigadores ya no tenían que buscar a una chica desaparecida, ahora, tocaba descubrir el culpable o culpables que habían terminado con la vida de Casterina Carrillo. Esa misma noche una llamada anónima a la Policía Local de Puente Genil citaba el nombre y primer apellido de una persona relacionada con el crimen. Los investigadores comprobaron que en Puente Genil no había empadronado nadie con esa identidad. Años más tarde verificaron que hasta cinco personas con idéntico nombre y apellido se encontraban empadronadas en los pueblos de alrededor.

El cuerpo, ya sin vida, de la joven fue trasladado hasta el cementerio de Puente Genil para que el forense practicase la autopsia. El examen determino que la joven murió de un fuerte golpe en la cabeza pero apenas se pudo determinar si Casta fue violada. El forense extrajo algunas muestras, vello de pubis en una de sus manos y unos restos de sangre entre las uñas. Algunos testigos recordaron que, durante el rastreo, un grupo de personas habían pasado por el cementerio y vieron a un hombre al lado de una furgoneta con una cuerda y con manchas de sangre. El hombre dijo que estaba en el cementerio para confesarse a los monjes de la Orden de los Hermanos de la Resurrección, que vivían y cuidaban el cementerio.

Semanas más tarde, cuando el padre de Casterina se encontraba en el cementerio rezando por su hija, pidiendo por que el culpable de su desdicha fuese detenido, uno de esos monjes, le confesó que el asesino de su hija era el hombre que vieron en el cementerio y que había ido allí a esconder el cuerpo para después confesar el crimen. Aquel hombre fue detenido pero días más tarde se le puso de nuevo en libertad. El monje que le había inculpado apareció días más tarde ingresado en un psiquiátrico de Sevilla, después de haberse intentado suicidar, según su relato, porque había acusado a alguien sin motivo del aquel crimen. Las muestras de ADN tampoco se correspondían con las suyas y los restos de sangre de su furgoneta pertenecían a un animal.

El caso permaneció varios años cerrado hasta que una nueva pista dio de nuevo esperanza a la familia Carrillo. En 2003 un testigo protegido manifestó a los investigadores haber visto a cuatro jóvenes que fueron de Lucena a Ecija a comprar droga y se encontraron con Casta, a la que obligaron a subir a un coche, y añade que la mataron y la llevaron hasta el olivar. Y sellaron un pacto de silencio.

Aquella pista sólo condujo a otro camino sin salida. Un camino y un crimen que en 2008 el Juzgado archivaría finalmente por falta de pruebas. Aún hoy, diecisiete años después, un pueblo, una familia y una muestra de ADN están esperando poner rostro y nombre al asesino o asesinos de a la que se le recuerda en Puente Genil con una calle con su nombre: Casteria Carrillo.



FUENTES: Hemerotecas de los periódicos El País, Cuartopoder, ABC y diario de Córdoba.
FUENTES: Programa radiofónico Milenio III

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