miércoles, 15 de mayo de 2013

EL CASO GIUBILEO: UN MISTERIO ARGENTINO.

Desde Avellaneda, Buenos Aires, Argentina, Teby Chiacchio escribe para 'CrimenyCriminologo' sobre una desaparición misteriosa. Un interrogante que tras más de 28 años aún hoy no tiene respuesta. El joven Teby nos trae el caso de Cecilia Enriqueta Giubileo

Los años 80 fueron turbulentos para Argentina. Hay un antes y un después en ese país tras esa década. La guerra de Malvinas. La caída de la nefasta dictadura militar. La vuelta de la democracia, siendo Raúl Alfonsín, un ex diputado originario de la ciudad de Chascomus, elegido como presidente por más de siete millones de personas. El positivo destape cultural tras el cese de la opresión y censura militar. El crecimiento de la diversidad. Momentos épicos tras la victoria en la Copa del Mundo en México. 

En esa montaña rusa de cambios, transformaciones y emociones aparecería un caso enigmático que aún sigue sin resolverse. Un hecho rodeado de preguntas, incógnitas y dudas, pero ante todo incertidumbres y factores que no llevaban a ninguna resolución final. Un acontecimiento que fue protagonista de cada uno de los medios de comunicación argentinos de la época. La desaparición de la doctora Cecilia Enriqueta Giubileo.

La noche del 16 de Junio de 1985 se comportó como una típica escena noctámbula invernal: Frío, nubosidad y tendencias lluviosas rumbo a la madrugada. Desde las 21.38 Cecilia Giubileo, médica psiquiatra de 39 años, se encontraba haciendo guardia en el hospital-colonia Montes de Oca. Ella era una bella mujer, muy dedicada a su oficio. Incluso derivaba su tiempo libre en investigaciones médicas. El permanente contacto con las tristezas y penurias de sus pacientes habían creado en ella una fortaleza profesional destacable. El costado afectivo de su vida se encontraba escaso en aquel momento. A comienzos de los 70 había vivido en España con su esposo Pablo Chabrol. Pero el afecto matrimonial fue desapareciendo y finalmente regresaría a tierras argentinas para instalarse en Lujan, ciudad perteneciente a la provincia de Buenos Aires, en el año 1974. En aquel lugar estaba el Montes de Oca, un hospital muy deteriorado que por momentos parecía tierra de nadie, con casi 1200 pacientes. En ese conjunto de pabellones desolados por los días y más aún por las noches trabajó la doctora Giubileo hasta su desaparición.
Eran las 0.15. La madrugada del 17 de Junio comenzaba a dar sus primeros pasos. La madrugada ya era un hecho. Un enfermero, apellidado Novello, coincidió con la doctora en uno de los tantos senderos entre pabellón y pabellón. Le haría una pregunta casi de rutina. Sin saberlo, él escucharía las últimas palabras conocidas de Giubileo hasta el momento:

- ¿Alguna novedad doctora? –Le pregunto Novello

- Vengo del pabellón siete. Atendí una urticaria gigante. – Respondió Giubileo

Durante las tres horas en la que se sabe que estuvo presente en la guardia, la doctora ya había atendido a un paciente con bronquitis y se había encargado de los trámites de una familia que venían a retirar el cuerpo de un interno fallecido. Vestida con una campera celeste, un pantalón azul de deporte y un par de zapatillas blancas, se dirigió a su respectivo cuarto donde pasaba las madrugadas durante los días de guardia. Se sabe que pidió tres cigarrillos y que su plan era dedicarse a la lectura hasta que otro interno requiriera de su ayuda. El resto es un misterio. Para cuando llegó el amanecer, no había rastros de Cecilia Giubileo en todo el hospital.

La mañana ya estaba asentada. El mal clima seguía presente. Hallaron en el cuarto de la doctora la cama sin hacer y un par de zapatos marrones en su mesita de cama. Su vehículo un Renault, seguía en el estacionamiento. De su maletín y su bolso no había ni rastro. De ella tampoco. El tiempo comenzó a transcurrir y la incertidumbre era cada vez mayor. Pocos días después, preocupados por la ausencia de su amiga, cercanos a la doctora denunciaron su desaparición. Es casi desesperante saber que, casi 28 años después, desde aquel día hasta la fecha, el paradero de Giubileo es una pregunta sin respuesta. Sin embargo, se desarrollaron hipótesis de diversas características (cabe decir que el caso tuvo como factor un despliegue mediático que por momentos rozo el morbo) que buscaban explicar el paradero de Giubileo. Primero, que un interno la había atacado. Fue prácticamente descartada: Era imposible de pensar que una persona con problemas mentales y residente de una institución como la del hospital-colonia Montes de Oca podía organizar de manera tan limpia un homicidio. El secuestro era algo impensable ya que nunca se pidió ningún rescate. También se comentó la posibilidad de un crimen asociado con la nefasta dictadura militar que azotó a Argentina tan solo tres años atrás de la desaparición de la doctora. Ella había sido militante del Partido de Izquierda de joven, participando en huelgas y manifestaciones, estando presente incluso en el “Cordobazo” de 1969, una protesta dada en la provincia de Córdoba, de donde Giubileo era originaria, que llevó a la caída del presidente de facto de por ese entonces, Juan Carlos Onganía. En la familia de su ex esposo, Pablo Chabrol, también había un antecedente similar.

Sin embargo, las teorías recientemente redactadas serían reducidas por una mayor. Una igual de trágica y nefasta, pero de alguna manera inédita en aquellos años. Las investigaciones desde el periodismo comenzaron a abrir una puerta que llevaba a una dimensión oscura y siniestra. Una puerta que la Doctora Giubileo abrió. Y es ese hecho el que posiblemente le costó la vida.

En ese hospital casi abandonado, y de aspecto siniestro, muchos pacientes caminaban por sus pasillos desiertos sin tener un origen claro. Una familia que jamás lo reclamó o un afecto cercano que jamás se acercó al Montes de Oca. A eso le sumamos una tasa de mortalidad notable en el lugar. ¿A dónde iban a parar esos cuerpos fallecidos que no tuvieron familia en vida?

En aquella fría noche de Junio, lluviosa y oscura, la desaparición de Cecilia Giubileo podía estar asociada con el tráfico de órganos de pacientes difuntos. Aquella mujer vio algo que nunca tendría que haber visto y supo algo que nunca tuvo que haber sabido. Esa mujer, que según los medios ya tenía sospecha en torno a irregularidades en el manejo de fallecidos (a un amigo cercano suyo le había comentado algo similar), había sido testigo de una prueba clave de que en el Montes de Oca ocurría un tráfico de personas. Nefastamente, eso le costaría la vida.

El director del hospital, quien había dicho que Giubileo había abandonado la guardia por decisión propia, fue arrestado. Falleció en la cárcel sin nunca dar datos en torno al caso. El periodismo y las investigaciones desde profesionales del tema comenzaron a desenmascarar un rostro malévolo que reinaba en el Montes de Oca. Comenzaron a plantearse dudas, como por qué no se había dragado el lecho de la laguna de Open Door (localidad dentro de Luján donde estaba el hospital) donde se decía que podía llegar a estar el cuerpo de la médica. Extracciones de córneas, hígados y otros intestinos para buscar ganancias. Pacientes parapléjicos que según los encargados del lugar “se habían escapado”. Un índice de muertos que cada vez era más grande. Y en medio de ese tornado repugnante, una doctora que desaparece una helada noche de invierno.

La BBC llegó a documentar lo ocurrido cuando la difusión tomo tintes casi mundiales. Varios periodistas, entre ellos Enrique Sdrech, incansable seguidor del caso y autor del libro “Giubileo, un caso abierto”, recibieron amenazas de muerte. Los posibles testigos, pacientes con tendencias enfermizas, no podían mantener un testimonio confiable.

Pistas que no llevaban a nada. Callejones sin salida de testigos. Investigaciones que llevaban a los encargados del caso una y otra vez hasta el punto de la partida de este caso horroroso. Las dudas y preguntas sin respuesta se mezclaban en influencia con la desesperación ante no poder aclarar el suceso.

El tiempo pasó. La clínica continuó funcionando. Quienes siguieron el caso desde el lado periodístico ya son hombres retirados de su oficio y algunos incluso fallecieron por el paso del tiempo. Los 80 quedaron atrás. Open Door sigue siendo nombrando como lugar de aquel misterio aún inexplicable, pero con menos intensidad de la brindada hace poco menos de treinta años. Con el tiempo aparecieron hipótesis delirantes (entre ellas, una que indicaba que circulaba un video de Giubileo pidiendo que no la busquen más porque se encontraba en un “lugar de paz y armonía”) que luego quedarían como falacias.

Lo único que se mantiene intacto es la pregunta que aún suena por cada pasillo del Hospital Montes de Oca y, seguramente, en la cabeza de quienes siguieron este caso con el paso del tiempo: ¿Dónde está Cecilia Giubileo?

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