viernes, 30 de noviembre de 2012

LA ASTURIAS MÁS NEGRA

En esta ocasión, desde 'CrimenyCriminologo' os proponemos que os sumerjáis en la crónica negra de la bella Asturias de la mano de Arantza Margolles. Esta licenciada en Historia por la Universidad de Oviedo y Máster en Arqueología y Patrimonio por la Universidad Autónoma de Madrid, ha llevado al papel lo que viene contando habitualmente en el programa 'Noche tras Noche' de la televisión autonómica del Principado. En su libro 'El crimen de Ayer' detalla la historia más truculenta de esta región. 

- Hablenos un poco de su obra 'El crimen de Ayer'.... 


“El crimen de ayer” es la apuesta de la editorial La Cruz de Grado para estas navidades y el primer volumen de lo que pretendemos sea la primera serie sobre crónica negra puramente asturiana. Hemos intentado hacer una obra accesible para todo el mundo, no un compendio de crímenes con lenguaje en exceso profesional. Por ello, cada caso está relatado como si fuera un cuento, sin obviar, por supuesto, el rigor histórico. De hecho, además de acercar a los lectores a esta crónica negra histórica, pretendemos también introducirles de esta manera tan amena a la historia de esos años, a las formas de vida del primer tercio del siglo XX y a los cambios sociopolíticos dentro de los cuales se enmarca cada caso. Puede parecer mentira, pero también con la crónica negra nos podemos familiarizar con la historia general, y, especialmente, con la de estos años. 

- ¿Qué le conduce a escribir una obra sobra los casos criminales en Asturias en el primer tercio del siglo XX? 

Siempre me ha interesado la criminología especialmente desde el punto de vista histórico, naturalmente, como historiadora que soy. He leído mucho acerca de los grandes casos de este primer tercio de siglo: Enriqueta Martí, la vampira del Carrer Ponent, el asesinato de Vicenta Verdier, el caso de Presentación Fonseca y Julio Maeso, el crimen del capitán Sánchez… Siempre me llamaba la atención la ausencia de casos en Asturias. Aunque sólo fuera estadísticamente, alguno debería haber… y, efectivamente, cuando por otros proyectos hube de acercarme a las hemerotecas, descubrí que había grandes casos muy poco estudiados en la literatura posterior. 

Decidí presentar un primer volumen dedicado al primer tercio de siglo porque, en mi opinión, hay una característica en común en todos estos casos. Muchos de ellos van asociados con la expansión de la industrialización en Asturias, a partir de la última mitad del siglo XIX, y, además, la crónica negra conoce a partir de entonces una “época dorada” en los periódicos y revistas de la época. La expansión de la prensa gráfica y de la prensa local, de la mano de esa industrialización, promovió este tipo de crónica bajo el epígrafe que da título al libro, “el crimen de ayer”. Las páginas de sucesos eran las que hacían vender periódicos aunque, irónicamente, este tipo de periodismo era en extremo denostado. Tras la Guerra y hasta los años 50 los periódicos encubrirán sus reportajes de crónica negra bajo el pretexto de dar cuenta de las causas vistas en la Audiencia, como contraposición a esta pasión por el “crimen de ayer” de los años anteriores. 

-¿A qué fuentes recurre para la investigación de estos crímenes y sus espectaculares fotografías de la época? 


En Asturias, desgraciadamente, hay pocas fuentes más allá de la prensa para la investigación de estos crímenes. El Palacio de Camposagrado, que albergaba la Audiencia Territorial, se incendió en los sucesos revolucionarios de 1934 y, con él, todos sus fondos. Sin embargo, la información no es escasa precisamente por lo que ya comenté: esa inclinación de la prensa a narrar la crónica negra con enorme profusión de detalles. Periódicos como “El Carbayón”, “El Comercio”, “El Pueblo Astur”, “El Noroeste” o, posteriormente, “La Prensa” ofrecen reportajes extensísimos sobre estos sucesos que, en ocasiones, también cubría la prensa gráfica nacional –“Estampa” o “Mundo Gráfico”, entre otros-. Debemos contraponer varias versiones y leer entre líneas, claro está. No hay que olvidar que es una época con ideologías claramente marcadas en cada publicación y, muchas veces, también la crónica negra era usada como arma arrojadiza entre uno y otro periódico local. 

- De estos cuarenta y cuatro crímenes, ¿cuál ha sido el que más le ha impactado? 

Hay casos absolutamente impactantes, desde luego: el del Xilu, en 1913, o el del vampiro de Avilés cuatro años después, son casos de película. Sin embargo, le guardo especial “cariño” –si se puede utilizar esa palabra en este contexto, que lo dudo- a la historia del crimen de Libardón, en 1928, por relacionarlo con mi propia historia familiar. Siempre se había comentado, en mi familia, que, a la llegada de mi tatarabuelo de Cuba, su propia mujer lo recibió apuntándole con un trabuco y a punto había estado de dispararle, temerosa de que fuera un intruso el que llamaba a su puerta de noche. Cuando leí el caso de Libardón, entendí el por qué. Este crimen había ocurrido meses atrás, en un pueblo muy cercano, y tuvo como víctima a una anciana que vivía sola, con todos los hijos en ultramar. El pánico que se desató, en un tiempo y lugar en el que eran muchas las mujeres solas por la emigración de los hombres, hizo que la investigación policial se resintiese. Y, meses más tarde, a la puerta de mi buena tatarabuela intentó entrar una visita no esperada en plena noche… ¡la reacción se entiende! 

- El crimen del Xilu ocurrido en Muros de Nalón en agosto de 1913, es uno de los casos estrella de su libro. ¿Podría hablarnos un poco de este caso? 

Uno de los casos estrella y, además, de los más maltratados, puesto que hasta un cartel a la entrada de la playa a la que este caso dio nombre confunde “Xilu”, el apodo de la víctima, Hermenegildo Álvarez, con “Silo”, el rey medieval… el próximo agosto se harán cien años de este caso, que nunca se llegó a resolver del todo. Hermenegildo Álvarez, un anciano con pocas aficiones más allá de una profunda religiosidad, apareció descuartizado en la playa, que anteriormente se conocía como de Veneiro. Los acusados desfilaron durante dos años por la cárcel de Pravia sin que se hallasen pruebas suficientes para inculpar a ninguno. Su propio yerno, al que acusaban de haberlo matado para recibir la herencia, tenía coartada; un periodista e intelectual local, Ramón Santos, fue detenido casi por el único motivo de que, siendo ateo, había hecho una narración del entierro “demasiado mística”… hasta llegaron a aparecer unos gitanos que, supuestamente, habían matado al anciano porque éste andaba enamoriscado de la novia de uno de ellos. Lo único que queda claro es que la cabeza, la parte del cuerpo imprescindible para saber cómo había muerto exactamente, jamás apareció. Es uno de los grandes misterios de la crónica negra asturiana y, desde luego, un crimen de película. 

- ¿Todos los casos que podemos leer en 'El crimen de Ayer' son reales o tienen algo de leyenda? 

Todos son absolutamente reales y están documentados. Por supuesto, siempre caben ciertas licencias “románticas” cuando la narración es literaria y no científica, pero más allá de eso, ¡no se dice ni una sola mentira! 

- Asturias también tuvo a su 'Sacamantecas'.... 

Tuvo uno, que sepamos a ciencia cierta, otro que podemos sospechar y probablemente más que desconozcamos. En una época de gran prevalencia de la tuberculosis, en Asturias también se desarrollaron, como en los casos de Gádor o de Enriqueta Martí, macabras supersticiones para intentar curar una enfermedad que, en realidad, era aún incurable y mortal. Era muy conocido en Gijón un tal “Manín de la carne cruda”, un mendigo que se jactaba de consumir carne cruda y beber sangre, aunque, que sepamos, sólo procedente de animales. En 1915 se sospechó de un tuberculoso del Teverga ante el misterioso asesinato de un niño de corta edad en el pueblo de Santianes. Nunca se llegó a demostrar su culpabilidad. Pero apenas dos años después tuvo lugar el trágico caso del vampiro de Avilés, Ramón Cuervo, un muchacho que en Cuba había recibido el consejo de consumir la sangre aún caliente de un niño sano para curarse la enfermedad y que, a su vuelta a Asturias, lo puso en práctica. Sabemos que lo hizo al menos una vez, la que confesó; teniendo como víctima a un confiado niño avilesino, Manolín Torres. Pero se le sospechaban más asesinatos anteriores. 

- No se tiene al Principado de Asturias como una provincia donde ocurran muchos crímenes de repercusión mediática. ¿Esto cambiará con su libro? 

Al menos en esta época, creo que sí. De los cuarenta y cuatro casos del libro, sólo he visto uno publicado en una recopilación general de crónica negra (el de Colosía, en la Peñamellera Baja de 1929) y otro en un artículo científico (el de Trubia de 1932, que tuvo grandes implicaciones sociopolíticas). Sin embargo, esta época fue muy profusa en crímenes, hasta el punto de que hay periódicos que deciden no introducir en crónica negra aquellos producto de reyertas de taberna, por ser demasiado comunes, y reservar ésta para los más mediáticos o bizarros. En “El crimen de ayer” se relatan muchos crímenes hoy ya olvidados que sorprenderán a muchas personas precisamente por esa creencia errónea de que Asturias no es prolija en crónica negra. 

-¿Tiene alguna peculiaridad o factor común el tipo de crimen que suele sucederse en esta región? 

Podemos hacer una clasificación muy concreta de los crímenes. Abundan, como en todas las regiones, los crímenes “pasionales” y de “viejos resentimientos”. También las reyertas de taberna, éstas especialmente en las ciudades industriales como Gijón o Avilés. Lo comento en el prólogo del libro y es cierto: no en vano nuevas doctrinas políticas como el socialismo o movimientos sociales como el higienismo ponían énfasis en luchar “contra los vicios de la taberna” en las ciudades industriales. Basta coger los periódicos de la época para ver que era raro el día en el que no hubiera una reyerta a navajazos, y rara la semana en la que no hubiera un muerto en estas ciudades. 

Pero si hubiera que definir un tipo de crimen característico de la región ése es, sin duda, y aún en esta época, el que relata Palacio Valdés en “La aldea perdida”: aquel que se producía, de cuando en cuando, en las peleas entre bandas rivales de uno y otro pueblo después de las fiestas rurales. Estas peleas eran casi una obligación social, y, aunque ya se empezaban a ver como algo erradicar, aún hay casos en el siglo XX. En 1908, por ejemplo, el pueblo piloñés de Espinaréu fue el escenario de uno de ellos. 

- En su obra también se pueden leer citas reales de crímenes históricos.... 

Sí, gracias a la prensa podemos rememorar citas reales o casi reales de algunos crímenes. Algunas son tragicómicas, como la que gritó el famoso atracador “Chorín” después de disparar a bocajarro a un pobre guardia: “¡Viva el Chorín, que ha matado a un guardia!”. Hay que tener en cuenta, claro, la poetización que en su día pusiera el periodista de turno, pero… 

- ¿Su libro únicamente se podrá adquirir en Asturias? 

Estamos aun cerrando compromisos con librerías asturianas, pero, en cualquier caso, todas tienen venta online y, además, cualquier persona interesada en obtener el libro se puede poner en contacto directamente conmigo en ‘La cantera de Babí’ –www.amargolles.net- o con la editorial, La Cruz de Grado. Pero si estas navidades el mercado decide tratarnos un poquito bien, daremos el salto al territorio nacional. A fin de cuentas, ¡los asturianos estamos por todo el mundo! 

- Alguna otra cosa más que nos quiera contar.... 

El libro saldrá a la venta a mediados de diciembre, a un precio de 15,95€, e iremos informando de cada novedad o presentación en www.facebook.com/elcrimendeayer donde, además, también ponemos cada día una pequeña historia criminal asturiana a la que no hemos podido darle espacio en el libro. Y, además, ya estamos recopilando crímenes para el siguiente… solamente espero poder transmitir a los lectores la pasión con la que yo recopilé y trabajé la investigación de cada uno de los casos.

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