lunes, 11 de junio de 2012

DEL DESCUARTIZADOR DE MONTREAL AL DE CADIZ

En las últimas semanas se ha podido seguir un suceso acaecido en Montreal (Canadá): el asesinato, descuartizamiento y profanación del estudiante chino de 33 años Lin Jun, que participaba en un programa de intercambio de la Universidad de Concordia en Montreal. El presunto autor del crimen sería el actor porno canadiense Luka Rocco Magnotta, que fue detenido en Berlín tras pasar inicialmente por París.

Mangnotta, de 29 años, grabó el asesinato y posterior descuartizamiento de Lin, colgando el vídeo en Internet bajo el título ‘Un lunático, un picahielo’. Se entiende que el lunático es el propio autor del crimen y el picahielo, el arma con la que apuñaló y desmembró a Lin Jun sobre un colchón. Como fondo musical para el documento en el que asesina a Lin y abusa de su cadáver, Magnotta escogió una canción de American Psycho (2000), película sobre asesinos en serie.

Así mismo, el presunto asesino, una vez descuartizó el cadáver, envió por correo los restos del mismo a diversos partidos políticos. Los investigadores no han podido hasta el momento encontrar el pie derecho, la pierna derecha y la cabeza del estudiante.

Las personas que conocen a Mangnotta lo describen como “un hombre violento y manipulador que utiliza a la gente como objetos para obtener sus fines, sea sexo, dinero o drogas. Un mentiroso patológico, irascible y muchas veces autodestructivo”.



Muchas de las informaciones llegadas a España apuntaban que la víctima y el victimario podrían haber estado manteniendo una relación amorosa. Hay que destacar que numerosos delincuentes sexuales acuden al descuartizamiento debido al placer que eso les produce y como medio de descargar tensión sexual. 


Este suceso recuerda al acontecido en Cádiz en 1989, en el que José Juan Martín Montañés, de 22 años, asesinó y descuartizó a su amigo Javier Suárez Samaniego. Martín Montañes engañó a Javier para que le acompañase a su domicilio, situado en el número 3 de la calle Villa de Paradas, con motivo de montar una mesa de Ping-Pong. Una vez en la vivienda de Juan, éste le propuso realizar una prueba acústica: sentarle frente a un equipo de música, tras servirle una copa, y vendarle los ojos para aislarle, de forma que pudiera percibir con más pureza el sonido. Subió el volumen del aparato y fue entonces cuando Juan aprovechó para golpear con todas sus fuerzas, con la pata de una mesa, en la cabeza de Javier. Una vez Javier cayó al suelo, Juan se abalanzo sobre éste y le clavó un cuchillo de larga hoja entre la tercera y la cuarta costilla intercostal, buscándole el corazón.

Una vez Juan se aseguró de haber terminado con la vida de Javier, le tapó la cara con una bolsa de plástico porque, según contó, no soportaba ver su rostro. Llevaría el cuerpo sin vida de Javier hasta la bañera, donde descuartizaría el cuerpo y lo iría introduciendo en bolsas, salvo las manos, que las introdujo en un bote de formol. ¿Por qué Juan salvo las manos de Javier? El autor del crimen decidió escribir una carta a la familia de la victima en la que se afirmaba que el muchacho había sido secuestrado y se exigía un rescate de doce millones de pesetas. Una cantidad de dinero que debía ser ingresada en la cuenta de una caja de ahorros en entregas semanales de medio millón. Además, se advertía que si la familia no cedía al chantaje, Javier iba a ser asesinado. En caso de que hubiera demoras en los pagos, los padres recibirían un dedo de su hijo por cada semana de retraso.

A la mañana siguiente, muy temprano, Juan inició una serie de tres viajes al puerto; concretamente, a un lugar llamado Punta de San Felipe, un terreno de relleno ganado al mar. Llevaba los trozos del cadáver en una mochila. Así trató de deshacerse del cadáver.

Finalmente, Juan sería detenido por la policía cuando se disponía a realizar una extracción de dinero de la cuenta corriente que se indicaba en la carta de secuestro.

Los encargados del caso pensaron que, junto a un móvil que parecía claro: obtener dinero extorsionando a la familia de la víctima, pudo haber en el crimen extrañas motivaciones de tipo sexual. Expertos indican que José Juan Martín Montañes se sentía atraído por su amigo Javier, pero que no quería que nadie lo supiese y por ese motivo había terminado con su vida escondiendo, bajo la forma de un rescate, los verdaderos motivos del crimen.


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