lunes, 7 de mayo de 2012

EL TIEMPO QUE PASA ES LA VERDAD QUE HUYE

“El tiempo que pasa es la verdad que huye”. La cita del criminalista Edmond Locard, uno de los pioneros de esta ciencia, encaja como un guante en el caso de la joven Leticia Temiño, violada y asesinada en enero de 1995. El notable criminalista advierte que según va pasando el tiempo, las huellas se borran, la escena del crimen se modifica, los testigos e investigadores se olvidan, jubilan e incluso fallecen. En definitiva, que el transcurso del tiempo juega en contra del esclarecimiento del hecho.

La trágica historia de Leticia Temiño comenzó la víspera de la festividad de reyes de 1995. Era una noche fría y lluviosa en la que esta vecina de 18 años de Portugalete (País Vasco) decidió salir con sus amigas. Unas amigas de las que disfrutó y se despidió minutos antes de la medianoche para volver a su domicilio. Pero eso nunca ocurriría. A las siete de la mañana del día siguiente, el cuerpo de la joven sería hallado en la cuneta de una carretera a su paso por la localidad cántabra de El Pontarrón de Guriezo, cerca de Turtzioz. Leticia murió estrangulada, violada y apaleada.

El asesinato de Leticia tiene un claro movil sexual. La joven apareció desnuda, con excepción hecha de unos calcetines de lana marrones, dos anillos, una pulsera y un colgante. Su asesino no se llevó nada de valor. Un retrato de la escena que conduce a pensar que nos encontrábamos ante un violador sádico, cuyo objetivo es el de representar mediante la violación sus fantasías sexuales y agresivas, infligiendo dolor físico y psicológico a sus víctimas. Y en este caso podemos comprobar que el dolor físico se encuentra patente, como podemos suponer que Leticia debió sufrir un gran daño psicológico. Así mismo la prensa indicó que se había encontrado un cuerpo extraño en la vagina de Leticia, detalle que invita a pensar que el asesino pudo recrear de esta forma alguna de sus macabras fantasías.

Este tipo de violadores suelen tener una personalidad antisocial y son muy agresivos en su vida cotidiana debido a un bajo nivel de frustración y crítica. Individuos que en un momento de su infancia asociaron agresión con satisfacción sexual. Su personalidad es compulsiva, que se apreciara tanto en su apariencia personal como en el coche que conduce, que estará ordenado, limpio y en perfecto estado de conservación. Suelen estar casados y llevar una vida ejemplar, obviamente sin antecedente policial ninguno. La edad mas frecuente de esta clase de violadores oscila entre los 30 y 39 años. Y su modus operandi es el de utilizar sus vehículos para seleccionar a las víctimas. Todo ello con mucha precaución para no ser vistos.

Esta clase de violadores no buscan el control de sus víctimas, sino causarles daño. Y si no es detenido, lo lógico es que acaben matando. Este punto es importante resaltarlo, ya que si se tratase de un violador sádico el que terminó con la vida de la joven Leticia, lo más seguro es que hubiese llevado a cabo alguna que otra violación con anterioridad, posiblemente cerca de su residencia o lugar de trabajo.

Otro hecho a tener en cuenta es que esta clase de depredadores suelen buscar información sobre técnicas de investigación policial, por lo que planifican sus actos para no ser fácilmente identificados, motivo que podría explicar su decisión de llevarse toda la ropa de Leticia.

Dos testigos afirmarían meses después del crimen que habían visto esa noche a pocos metros de su casa a la chica charlando con un "hombre alto, fuerte, que vestía una chaqueta de cuero negra". Si bien confesaron que no habían acertado a verle la cara porque estaba de espaldas.

A (Lugar desaparición)
B (Lugar donde se halló el cuerpo)
Otro aspecto que hay que tener en cuenta en este caso es el lugar donde apareció el cadáver de la joven. Se suele decir que el hombre es vago por naturaleza y en cuestión de criminalidad en muchas de las ocasiones se sigue esta premisa. El cuerpo de Leticia apareció en la cuneta de una carretera a su paso por la localidad cántabra de El Pontarrón de Guriezo, cerca de Turtzioz, pudiéndose obtener algunas posibles conclusiones. La violación y asesinato de la joven debió producirse en un escenario distinto al lugar de donde se encontró el cuerpo. Al encontrarse el cuerpo en una cuneta, podemos atrevernos a pensar que el asesino viviese en alguno o entre alguno de los dos puntos entre los que ocurrió la captura de la chica y su posterior aparición. Ya que como hemos dicho el hombre es vago por naturaleza y seguramente dejase el cuerpo de camino a su domicilio, con mas razón si esa noche era lluviosa y fría. Así mismo, el lugar donde dejo el cuerpo invita a pensar que se trata de un único asesino, ya que posiblemente si hubiese habido más, estos habrían escondido o arrastrado el cadáver a una zona donde fuese más complicado hallarlo.

Durante la investigación de este asesinato se detuvieron a tres personas, que finalmente fueron puestas en libertad. Un dato más que hace pensar que fue una sola persona quien cometió este hecho atroz, ya que difícilmente si hubiesen sido varios, uno no hubiese caído ante la presión de la investigación. La familia de Leticia habilitó una línea 900 y ofrecieron una importante recompensa, de hasta 15 millones de las antiguas pesetas, a quien pudiera aportar algún dato, pero como ellos mismo han manifestado "ni siquiera tuvimos una llamada, ni para tomarnos el pelo". Hoy hace más de 17 años que un asesino anda suelto. Hoy, la verdad ha huido un poco más.


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