miércoles, 18 de enero de 2012

ISABEL CANINO, LA IMPORTANCIA DE UN CRIMINÓLOGO EN LA INVESTIGACIÓN.

"Si yo matase a alguien, nunca nadie sería capaz de encontrarlo". Estas fueron las palabras que se le escucharon decir a Salvador Morales cuando atendía a los trabajos que unos obreros estaban realizando en su domicilio y que consistían en la realización de una fosa séptica de pequeño tamaño que se comunicaba con el pozo principal que ya tenía la casa. Una macabra sentencia que quedó grabada en la memoria de uno de los operarios allí presentes.

El sábado 21 de marzo de 2009, Isabel Canino, una tinerfeña conductora de la empresa Titsa de 37 años, preparaba ilusionada su equipaje para pasar el fin de semana en el Sur de la isla con una amiga. Antes de emprender el viaje, Isabel accedió a desayunar, entre las 10.30 y las 11 horas, con un compañero de trabajo que había sido hasta hacía fechas su pareja sentimental durante 17 años, Salvador Morales. Cuando se sentaron a desayunar, Canino ya mantenía una relación sentimental con otro colega de profesión, y desde hacía ya varios meses había intentado poner fin al idilio que mantenía con Morales.

Tras desayunar, la pareja fue al inmueble propiedad de Salvador ubicado en el Camino de la Hornera (La Laguna). Una vez allí, Morales cogió una brida de 29 centímetros de arco y de 17 de cola distal y, de forma sorpresiva, se la colocó en el cuello a Isabel y la obligó a llamar a la esposa de la que era su pareja en ese momento para que le confesara la relación que mantenía con su marido. Tras cumplir su deseo, Salvador apretó la brida y le causó la muerte por asfixia mecánica, sin que ella pudiera en ningún momento defenderse, pues le había atado las manos ya con otra brida.


Isabel no apareció a la cita con su amiga para partir rumbo al sur de Tenerife y se encendieron las alarmas. Su hermana fue quien informó de la desaparición al conocer su extraño 'plantón'. Desde ese momento, y durante 72 días, familiares, amigos, compañeros y la sociedad en general salieron a la calle para buscar a Isabel.

Durante este tiempo, Salvador Morales fue interrogado y seguido por la Policía, y se realizaron varios registros en su casa sin obtener resultado alguno del paradero de Canino. Siempre dijo desconocer dónde se encontraba, continuó con su vida normal y nunca se observó en su rostro impasible duda alguna de su desconocimiento sobre el paradero de Isabel.

La policía se encontraba perdida. No sabía ya por qué vía encauzar la investigación. Y en ese momento apareció en escena un criminólogo. Concretamente, Felix Ríos, quien durante un programa de televisión coincide con la hermana de Isabel Caninio y se ofrece a colaborar en su búsqueda.

Felix Rios sabia que un grupo de familiares y amigos incondicionales de Eladia, hermana de la desaparecida, y su familia se reunían cada tarde en una plaza. Momento que Ríos aprovechaba para aconsejar sobre la forma de proceder con prensa y autoridades, anunciar los siguientes pasos a dar para mantener el caso vivo (pega de carteles incluida) y recopilar datos sobre Isabel, apoyando en el conocimiento de la víctima esa búsqueda del responsable de su desaparición. "Rápidamente nos dimos cuenta de que su ex pareja, Salvador, era quien tenía motivaciones para el crimen. Es decir, su manera de ser, su forma de comportarse con los demás y antecedentes de intentos de agresión a Isabel lo hacían ver como el principal sospechoso", explicaba el propio criminólogo canario en charla con 'crimenycriminologo'.

La presión mediática sobre el 'caso Canino' hizo que la sociedad se sensibilizara y se involucrara. Fue cuando se produjo una llamada reveladora de una vecina de Santa Cruz de Tenerife. Una llamada en la que reveló a la Policía que su marido, cuando se encontraba realizando una reforma en la casa de Salvador Morales le escuchó decir al propio Salvador mientras atendía a las obras en la fosa séptica aquello de "si yo matase a alguien, nunca nadie sería capaz de encontrarlo".

Esas palabras, sumadas a un perfil criminológico que encajaba como un guante en la figura de Salvador Morales, disipó cualquier duda: él era el culpable. Felix Ríos había llegado a esa conclusión hasta el punto de apalabrar con una empresa el préstamo de un georradar que emplearía desde el domicilio colindante al de Salvador para confirmar que en aquella casa se encontraba el cuerpo de Isabel. 


No haría falta ningún georradar. El 28 de mayo, tras 72 días, la Policía encontraria el cuerpo de Isabel en la fosa séptica del inmueble de Salvador . La agonía de la incertidumbre había llegado a su fin, la conductora de Titsa había sido asesinada.

La autopsia a Isabel Canino meses después, demostraría que la posible reconstruccion del crimen que realizo el criminólogo Felix Ríos, incluso del mecanismo de la muerte y el móvil, coincidian con lo que habia pronosticado.

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