lunes, 19 de diciembre de 2011

ADRIAN RAINE: EL CEREBRO DE LOS PSICÓPATAS.

Adrian Raine, es un experto en psicopatía de la Universidad de Pennsylvania (EE.UU) y el cual se podría calificar como el gran científico de las técnicas de neuroimagen aplicadas a los delincuentes violentos y psicópatas.


A principios de los años 70 investigadores estadounidenses seleccionaron una muestra de 1.795 niños de tres años de edad de Isla Mauricio e hicieron varias medidas de respuesta emocional condicionada, entre ellas la reacción ante el miedo. Veinte años después analizaron los registros penales de todos ellos, y encontraron que 137 sujetos habían sido juzgados por robos, agresiones u otros actos criminales. Se observó que quienes a los 23 años habían cometido algún tipo de delito grave, también habían mostrado valores significativamente más bajos de respuesta condicionada al miedo a los tres años de edad.

La falta de respuesta al miedo está asociada a disfunciones en la amígdala, una parte del cerebro responsable de las emociones. Y según Raine: “Éste es el primer estudio longitudinal que demuestra que un déficit temprano en el condicionamiento autónomo al miedo predispone a la criminalidad adulta. Los resultados son consistentes con la hipótesis de que el mal funcionamiento de la amígdala incrementa el riesgo de conducta criminal, y demuestra que este condicionamiento al miedo a edad temprana no está explicado por factores sociales, de género o raza”.


 Una primera fase del trabajo de Raine se dirigió a estudiar si los escanogramas  cerebrales confirmaban los hallazgos obtenidos a partir de análisis neurológicos y psicológicos anteriores.

En primer lugar, por lo que respecta a la corteza cerebral, tales estudios habían hallado que la violencia se relaciona con un funcionamiento defectuoso del lóbulo frontal y temporal. En segundo lugar, en relación con las estructuras subcorticales, los hallazgos planteaban que la amígdala, el hipocampo y la sustancia gris estaban relacionados con la generación y regulación de la agresión.

En un estudio de 1994, Raine y otros compararon mediante la tomografía de emisión de positrones la actividad de la corteza prefrontal de 41 asesinos con 41 sujetos no delincuentes, y halló que los asesinos mostraban una actividad menor en dicha zona del cerebro. 

Escáner cerebral (PET) de un control normal (izquierda) y un asesino (derecha), lo que demuestra la falta de activación en la corteza prefrontal en el asesino.Las cifras son una transversal (horizontal) cortan el cerebro, por lo que están mirando hacia abajo en el cerebro. La región prefrontal es en la parte superior de la figura, y la corteza occipital (parte posterior del cerebro que controla la visión) es en la parte inferior. Los colores cálidos (por ejemplo, rojo y amarillo) indican las áreas de activación cerebral de alto, los colores fríos (por ejemplo, azul y verde) indica baja activación.

Para Raine, la baja actividad de la corteza prefrontal predispone a la violencia por una serie de razones: 

Neuropsicológico, un funcionamiento prefrontal reducido puede traducirse en una pérdida de la inhibición o control de estructuras subcorticales, filogenéticamente más primitivas, como la amígdala, que se piensa que está en la base de los sentimientos agresivos.

Neurocomportamental se ha visto que lesiones prefrontales se traducen en comportamientos arriesgados, irresponsables, transgresores de las normas, con arranques emocionales y agresivos, que pueden predisponer a actos violentos. 

Personalidad, las lesiones frontales en pacientes neurológicos se asocian con impulsividad, perdida del autocontrol, inmadurez, que pueden predisponer a la violencia. 

- Social, la pérdida de flexibilidad intelectual y de las habilidades para resolver problemas, así como la merma de capacidad para usar la información suministrada por indicadores verbales que nacen del mal funcionamiento prefrontal, pueden deteriorar seriamente las habilidades sociales necesarias para plantear soluciones no agresivas a los conflictos.

Cognitivo, las lesiones prefrontales causan una reducción de la capacidad de razonar y de pensar que pueden traducirse en fracaso escolar, paro y problemas económicos, predisponiendo así a una forma de vida criminal y violenta, se requiere la existencia de otros factores medioambientales, psicológicos y sociales que potencien o reduzcan esta predisposición biológica.

En su investigación con los 41 asesinos también analizaron el funcionamiento de otras áreas cerebrales. Así, Raine y otros, relataron los siguientes hallazgos:

El giro angular izquierdo (que integra la información proveniente de los lóbulos parietal, temporal y occipital) registra una actividad menor del metabolismo de la glucosa, lo que puede favorecer el fracaso escolar y una posterior conducta violenta.

La actividad del cuerpo calloso también era menor en los asesinos. El cuerpo calloso es el conjunto de fibras blancas nerviosas que sirve de nexo de unión entre los hemisferios derecho e izquierdo. Raine opina que esa tasa de actividad inferior facilitaría que el hemisferio izquierdo tendría dificultades en la inhibición de las emociones negativas, las cuales se generan en el hemisferio derecho.

Los asesinos mostraron una actividad menor en la región izquierda que en la derecha de regiones subcorticales como la amígdala, el hipocampo y el tálamo. “La amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal se integran en el sistema límbico que gobierna la expresión de las emociones, a la vez que el tálamo transmite información desde las estructuras subcorticales límbicas hasta la corteza prefrontal. Asimismo, el hipocampo, la amígdala y el tálamo son de gran importancia para el aprendizaje, la memoria y la atención.

Las anormalidades en su funcionamiento pueden, pues, relacionarse tanto con las deficiencias a la hora de dar respuestas condicionadas al miedo como con la incapacidad de aprender de la experiencia, deficiencias éstas que caracterizan a los delincuentes violentos… La amígdala juega además un papel importante en el reconocimiento de los estímulos afectivos y socialmente significativos, por lo que su destrucción se traduce en una carencia de miedo y en una reducción de la excitación autónoma” 

Raine especula con la posibilidad de que los malos tratos infantiles causen las lesiones cerebrales: “Si de forma reiterada un bebé es bruscamente zarandeado, entonces puede que las fibras blancas que ligan su corteza con otras estructuras cerebrales se rompan, dejando el resto del cerebro fuera del control prefrontal”





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