miércoles, 26 de julio de 2017

MOTIVOS ABSURDOS QUE LLEVARON A COMETER CRÍMENES.


Woody Allen: “Podría darle razones para matar a cien personas cada día, pero somos adultos, dejamos que lo hagan los abogados por nosotros”.

Es una verdad irrefutable: todo el mundo es capaz de llegar a matar a otra persona. Sin embargo, y por suerte, no todos podemos llegar a convertirnos en depredadores seriales y matar al menos a tres personas con un periodo de tiempo de enfriamiento entre uno y otro crimen. Periodo de enfriamiento durante el que el asesino, revive en su cabeza el último hecho delictivo hasta que eso no le es suficiente y se “activan” nuevamente sus ganas de salir a matar.

«Ya sé que no es normal que uno mate a una chica sólo para tener relaciones sexuales con ella». Estas terribles palabras fueron pronunciadas ante la policía por el asesino Henry Lee, quien inició su carrera criminal apuñalando en pleno ataque de ira a su madre mientras dormía. Fue sentenciado a ir a prisión, y posteriormente a 5 años en un hospital psiquiátrico, en el que fue diagnosticado como un psicópata suicida, sádico, y con desviaciones sexuales. Fue puesto en libertad en 1970 y se fue a vivir con su hermana y con el marido de ésta, que ya le creían rehabilitado, hasta que poco tiempo después mató a su perro.

Henry, deseoso de formar una familia, se casaría con la amiga de su hermana y madre de dos hijas de 8 y 9 años. Mientras su mujer salía a trabajar, el padrastro, se quedaba “cuidando” de las niñas. Su idea no fue otra que abusar de ellas hasta que acabó aburriéndose y marchándose sin dar explicaciones.

Empezó a vagar con su coche por América, y en Miami encontró al que iba a ser su amigo y amante, Ottis Toole. Pirómano, homosexual, aspirante a transexual, caníbal, asesino y con un ligero retraso, así era la nueva pareja de Henry. La perversión de ambos les condujo a cometer una cantidad de crímenes indeterminados 

Y es que la mayoría de los crímenes se cometen por tres motivos: dinero, celos y venganza. Pero, en ocasiones, como veremos a continuación, las razones nos parecen tan absurdas o banales que hacen tambalearse los cimientos éticos sobre los que se asienta la sociedad. No debemos caer en el error de pensar que el crimen es cosa de “locos” y que tal o cual individuo lo ejecutó porque en un momento dado se le fue la cabeza. Y es que los motivos, aunque no nos parezcan claros o lógicos a ojos de las personas sanas, siempre existen en mayor o menor medida. El hecho que lo empujó, aunque nos parezca ilógico, será seguramente el que rebasó el límite de una persona predispuesta a matar. 

martes, 20 de junio de 2017

JUAN RADA NOS HABLA 'SIN CENSURA'.



"La historia de un país es también la de sus altos o bajos fondos". Y de esos bajos fondos nos habla Juan Rada en su nuevo libro 'Sin censura'. El antiguo director de 'El Caso' y colaborador habitual de programas sobre sucesos y crónica negra en nuestro país como experto que es en la materia, levanta las faldas a la censura y cuenta en su libro aquellos sucesos y casos relevantes que se han visto afectados por la misma o que han sido directamente silenciados durante años. Juan Rada, un autentico experto que habla 'Sin censura' para CrimenyCriminologo

Juan, ¿qué podemos encontrar en su nueva obra ‘Sin Censura’? 

Una descripción de cómo hemos pasado en España de la censura a la libertad de expresión condicionada y al dirigismo informativo. Algo que no debiera ocurrir en democracia. 

Actualmente, ¿existe la censura? 

Las presiones ahora proceden del poder económico, político, bancario, monarquía… Parece que quien discrepe de la versión oficial, delira. De ahí tanto silencio, tanta callada por respuesta a demasiadas preguntas que se hace la sociedad.

jueves, 25 de mayo de 2017

TURISMO NEGRO: VISITANDO EL HORROR.


Martín Buber- “Todos los viajes tienen destinos secretos sobre los que el viajero nada sabe”


¿Playa o montaña? He aquí la eterna duda en vacaciones. Si todavía no has resuelto esta pregunta, desde crimenycriminologo nos proponemos ayudar presentándote una serie de posibles destinos y rutas. Eso sí, avisamos, paisajes, monumentos o gastronomía quedan relegados a un segundo plano en favor de rincones que destilan historias de muerte, sufrimiento y oscuridad. De primeras puede no sonar un buen plan, pero la realidad es que a través del marketing y la publicidad, cada vez es mayor el número de turistas que se decantan por visitar prisiones, cementerios o rincones en los que se cometieron crímenes. Es el llamado 'Dark Tourism' o Turismo oscuro. 

Camino de la escuela, un ya lejano 2 de marzo de 1988, Natascha Kampusch, una pequeña de 10 años, fue secuestrada en el distrito vienés de Donaustadt por Wolfgang Priklopil. La niña, antes de conseguir escapar, permaneció ocho años en cautividad en el sótano de su captor, un zulo cerrado y sin ventanas y que apenas tenía 2,78 metros de largo y 1,81 metros de ancho. Un lugar que con el paso del tiempo se convertiría en atracción para centenas de morbosos. Una situación incómoda para Natascha, quien, años más tarde, se decidió a comprar la casa para evitar que su infierno se convirtiese en un reclamo turístico. 

Pero esta casa es únicamente un ejemplo de un tipo de turismo oscuro que tiene su particular ranking de destinos más demandados. En él, sobresalen dos. El primero está en el Algarve portugués. Es Praia da Luz, punto en el que se perdió el rastro el 3 de mayo de 2007 de la pequeña Madeleine McCan. Otro está ubicado en Amstetten (Austria). Allí no es raro encontrar a numerosos grupos de visitantes agolpados frente a la casa de Josef Fritzl, reconvertida en hogar para los refugiados,  con el único objetivo de tomar una instantánea del lugar en cuyo sótano permaneció encerrada durante más de 24 años su hija Elisabeth Fritzl. Un largo cautiverio durante el que su padre la sometió a sistemáticas violaciones y en el que Elisabeth dio a luz siete veces. 

miércoles, 17 de mayo de 2017

EL ANIMAL MÁS PELIGROSO. PRELUDIO DEL THRILLER

Ribera del Támesis. Setiembre 1873


GABRIEL POMBO
La casucha de madera camuflada entre el follaje era un buen escondite. La patrulla policial del Támesis no solía allegarse hasta aquel territorio. Sólo se preocupaban por reprimir a los contrabandistas, y precaver que los trabajadores del muelle no robasen a sus patronos.

El hombre corpulento había escogido hábilmente el lugar de la ceremonia. Luego lo incendiarían todo. 

Bastaría con conservar el altar de los sacrificios, la estatua del macho cabrío, la cruz invertida y, por supuesto, los disfraces. 

Eran necesarios para infundir terror. Ya habría tiempo para cambiarlos por ropa más tradicional: pantalones, camisas, levitas y gabanes corrientes. También suplantaría esas rústicas botas por zapatos de cabritilla, sus preferidos. 

Pero allí precisaba portar aquel atuendo; y así se había vestido, mientras aguardaba impaciente a sus acólitos, que ya no podrían tardar mucho más. 

Afuera, la noche cerrada, sin luna, se cernía sobre la ribera sur del río, en Battersea. Un viento gélido silbaba agitando ramas y hojas. 

Adentro estaba él, encarándose a la imagen que le devolvía el espejo, antes de partir rumbo a la sala ceremonial. 

Su rostro tenso bajo el antifaz con largas ranuras ovaladas, tras las cuales destellaban sus pupilas enrojecidas. Aunque esta vez había inhalado poco opio, lo consumido alcanzaba para provocarle ese desagradable efecto. 

La cara era lo que más debía aterrorizar y, consciente de ello, ajustó sobre la mascarilla la piel de zorro moteado. El extremo puntiagudo del cuero cubría su nariz, imprimiendo a su fisonomía el aspecto de un ave rapaz. 

Sólo quedaban al descubierto sus mejillas mal afeitadas y su mentón cuadrado. 

Tapaba su testa una oscura capucha azulada que llevaba muy abierta, sujeta a la base del cuello mediante un tosco cordel anudado. 

Una larga capa de igual color y textura colgaba de sus hombros y, bajo ella, la chaqueta de paño opaco con una fila de redondos botones dorados, prendidos a sus ojales uno por uno.Extrajo del cofre la daga de acero con empuñadura bronceada, tan filosa como para degollar venados, y otros animales. Por primera vez la utilizaría con humanos. 

Dentro del habitáculo ritual se hallaba su muy joven ayudante. Cabeza rapada y toga marrón que le llegaba hasta los pies. Estaba encendiendo los cirios, e hizo una reverencia al advertir su ingreso. 

–¡A su servicio, mi Maestro! 

Su superior se aproximó, y le musitó al oído la contraseña a tener en cuenta aquella ocasión. 

–«Baphomet.» 

El subalterno comprendió, y fue hacia la dependencia trasera. A través de la rejilla del portón de hierro ahí instalado, atisbó en espera de los cofrades. 

No transcurrió mucho. Ya venían. La mujer maniatada, con la prieta mordaza sellándole la boca, nada podía hacer frente a sus dos captores. 

Pese a que con toda evidencia éstos pertenecían a su clan, el discípulo debía 
obedecer la orden impartida. 

–¡La contraseña! – exigió, cuando se anunciaron desde fuera. 

–¡«Baphomet»! 

Les abrió y entraron. La cautiva cayó desvanecida. Se agachó para levantarla, y percibió el olor acre que despedían sus labios. El brebaje era muy potente y luego de tenerla dominada, como precaución extra, la habían obligado a beberlo. 

–¿Y los niños?, preguntó a los esbirros. 

–Escaparon. Tanto el chico como la niña. 

–El maestro se pondrá furioso, con este trabajo hecho a medias – los reprendió. 

Agacharon sus cabezas. 

El rapado de la toga marrón se desentendió de ambos. Agarró a la desvanecida por los tobillos pero, a despecho de su frágil apariencia, pesaba demasiado. Pidió ayuda para cargarla. El matón más robusto la izó desde los hombros, y entre ambos la transportaron hasta la antecámara. 

Aquel recinto resplandecía con fulgor infernal, por la llama de multitud de velas negras. 

Encaramado sobre la tarima, el amo presidía. 

Había también otra presencia humana: una mujer alta que lucía un atavío escarlata, y disimulaba su rostro con una careta. 

Depositaron a la prisionera arriba de la mesa de sacrificio, dejando que su cabeza colgase. Tras esto, los tres adeptos quedaron rígidos, paralizados ante la escultura del macho cabrío, que los contemplaba con semblante maligno y estúpido. 

Dio inicio a la liturgia. Voces guturales emergieron de la garganta del supremo jefe y de su cómplice femenina. Un lenguaje desconocido para los otros que, por incomprensible, más intimidante resultaba aún. 

Cuando cesó el cántico, la secuaz fue por un amplio cuenco color oro y lo ubicó en el piso, centímetros abajo del cuello de la víctima. Ésta comenzó a sacudirse de improviso. El sopor inducido por el narcótico se diluía. 

Debían apresurarse. Era una ofrenda al gran Satán, no una carnicería. Por lo menos no lo sería mientras la persona a inmolar estuviera con vida. 

Luego habría que esparcir sus restos trozados por el río, conforme preceptuaba el libro sagrado. 

Pero ahora no había por qué infligir dolor inútil. La asistente rogó con su mirada al encapuchado que no se retrasase más. Los enrojecidos ojos bajo la máscara asintieron. 

Ya había aferrado por el cabello a la mujer tendida. Dirigió el filo de la daga a la vena yugular, y cortó.

martes, 2 de mayo de 2017

NOTAS SILENCIOSAS QUE NUNCA QUERRÍAS LEER

Francisco Ceballos-Espinoza
El 28 de marzo de 1941, la afamada escritora Virginia Woolf caminaba hasta la orilla del rio Ouse, cerca de su casa inglesa de Sussex, con los bolsillos de su abrigo llenos de piedras. Ésta vez, no quería volver a casa con la ropa simplemente mojada. No era la primera ocasión en la que intentaba acabar con su vida. No fallaría. Estaba todo dispuesto. Llegó su hora y así se despidió de su marido, Leonard Woolf.

Querido:

Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.

V.

Se calcula, las estadísticas no son muy precisas en este sentido, que notas como la que escribió Virginia Wolf están presentes, dependiendo del país, entre 5 y 40 de cada 100 casos de suicidio. Son aquellas últimas líneas escritas por un sujeto que ha tomado la determinación de quitarse la vida. Durante las mismas expresa, por lo general, los hechos que motivaron su decisión, imparte instrucciones y/o transmite pensamientos y deseos hacia otra persona significativa en su vida. Generalmente, en soporte de papel, pero las nuevas tecnologías empiezan a estar presentes en forma de escritos en redes sociales.

Las notas de suicidio se han mostrado como una de las vías más adecuadas para estudiar las causas de un acto presente mayormente en zonas urbanas y que supone la pérdida en el mundo de una de una persona cada 40 segundos. Por cada mujer que se suicida, entre siete u ocho hombres lo hacen. Es una de las primeras tres causas de defunción entre la población comprendida entre los 15 y los 44 años y la segunda en el grupo de 10 a 24 años. La OMS estima que para el año 2020, el suicidio representará el 2,4% de las muertes que ocurran en el planeta. 

Un drama del que muy pocos quieren hablar y un tabú para los medios de comunicación pero cuya solución no es el silencio. “Hablar de otras cosas, para que no se piense en el suicido, no siempre es la mejor opción. Debemos explorar la real magnitud de sus pensamientos y estar alerta a cualquier verbalización, explícita o no, que nos indique una posible ideación suicida”, explica para Onemagazine Francisco Ceballos-Espinoza, uno de los responsables del estudio que sobre estas notas está realizando el Instituto de Criminología de la PDI (Policía de Investigaciones de Chile).